¿Dónde estabas tú?
Reconozco que esta entrada la podría haber titulado, los "recuerdos" y las desmemorias de un abuelo Cebolleta. Sólo me falta empezar la perorata, con mi nieto sentado en las rodillas, de tan pronta edad, para su alivio, que no sea capaz de entender mis historietas: "Mundiales, dices tú de mundiales. Me acuerdo yo de la final del 78, esos si que sabían jugar al fútbol."
Con el devenir de los tiempos, es sabido, que el recuerdo de los tiempos pasados, siempre supera el burdo y aburrido presente, ignorando, que en aquellos tiempos, también se decía aquello de "El fútbol de otro tiempo, fue mejor".
Mi primer recuerdo de una final, efectivamente, fue la del 78. Pero, ojo, la vi en diferido, sabiendo ya de sobras cual fue el resultado final, e incluso teniendo ya las referencias paternas, de qué jugadores eran los exquisitos, y por supuesto, de quién era el Matador. Es curioso que mi primer recuerdo, de una final, sea una emisión del mítico programa "La Clave". Tampoco me acuerdo mucho del debate posterior a la emisión de aquella final, en la que Argentina superaba a Holanda (Me resisto con lo de Países Bajos) en una agónica prórroga, con aquel segundo gol de Mario Alberto Kempes, que no recuerdo de otro modo que en cámara lenta, en modo épico, arrastrando los defensas de Holanda por el suelo.
Imágenes así, me hicieron tan aficionado al fútbol. Esa mezcla de épica y romanticismo me han atado a este deporte, como aficionado, y por otro lado, las gestas de mi club las que me convirtieron, no lo niego, en un forofo.
Indudablemente, hay un paralelismo en este campeonato, que se va a celebrar en Catar, el del país anfitrión en el que se realizan constantes violaciones de los derechos humanos, tal y como sucedía por parte de la atroz dictadura de Varela, en el país sudamericano.
Y de vuelta en este presente, este extraño campeonato, celebrado por primera vez, al final del Otoño, me hace estar un poco extraño, es como si viniera el verano, tras el Mundial, pero no. Y luego están las horas de los partidos, en las que al menos, no me harán pasar mucho sueño.
He visto unas cuantas finales, tras aquella del 78, y todas en directo. Momentos míticos como la celebración del presidente de la República Italiana, Sandro Pertini, en el palco del Bernabeu, o por supuesto, la celebración de un servidor, en casa de su novia, del gol de Iniesta, en el mundial de Sudáfrica. Pero en mi retina tengo la del 78, como el primer recuerdo de fútbol, aunque esto, gracias a mi desmemoria, no sea cierto.

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